En el
discurso pronunciado durante casi una hora ante El Congreso de Angostura, el
Libertador analizó de manera profunda la realidad de su tiempo, señalando la
conveniencia de que las instituciones que surgieran en América a raíz de la
Independencia, debían responder a las necesidades y posibilidades de estas
sociedades, sin copiar modelos de tierras extrañas. Aunque se reconoce en este
documento lo favorable del régimen federal para otras naciones; se sostiene que
en el caso de Venezuela es preferible un Centralismo, basado en un Poder
Público distribuido en las clásicas ramas: Ejecutivo, Legislativo y Judicial;
resaltando la fortaleza del Ejecutivo. Sugiere también Bolívar que a estos tres
poderes se agregue una cuarta instancia denominada Poder Moral, destinado a
exaltar el imperio de la virtud y enseñar a los políticos a ser probos e
ilustrados. Asimismo, concebía la idea de una Cámara Alta hereditaria, para
mantener en ella la tradición edificante de los padres de la patria; lo cual no
encajó muy bien con la letra del Poder Moral. En una demostración de gran
ilustración el Libertador hace reminiscencias de Grecia y Roma y examina las
instituciones políticas de Gran Bretaña y Estados Unidos, citando para esto a
filósofos y políticos de la Enciclopedia y de la Revolución Francesa, para
desembocar en la necesidad de instaurar un sistema republicano-democrático, con
proscripción de la nobleza, los fueros y privilegios, así como de la abolición
de la esclavitud. Otro aspecto al que dedicó una importancia fundamental, en el
proceso de consolidación de las repúblicas latinoamericanas, fue a la
educación. En este sentido, para él educar era tan importante como libertar. De
lo que se desprende su memorable sentencia: "Moral y luces son los polos
de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades".
Después de desarrollar otros tópicos relacionados con una visión sobre la
grandeza y el poderío de la América libre y unida, cierra Bolívar su discurso
con la siguiente exhortación al Congreso: "Señor, empezad vuestras
funciones: yo he terminado las mías". Tras esto hizo entrega de un
proyecto de Constitución así como del Poder Moral, a fin de que fueran
estudiados por los diputados, añadiendo: "El Congreso de Venezuela está
instalado; en él reside, desde este momento, la Soberanía Nacional. Mi espada y
las de mis ínclitos compañeros de armas están siempre prontas a sostener su
augusta autoridad. ¡Viva el Congreso de Venezuela!".
"Señor.
¡dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado
la Soberanía Nacional para que ejerza su voluntad absoluta! Yo, pues, me cuento
entre los seres más favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el
honor de reunir a los representantes del pueblo de Venezuela en este augusto
Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana y
árbitro del destino de la Nación.
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